A mediados del mes de Mayo de 2010, saltaba al mundo la noticia de que se había creado por primera vez una célula artificial. Pasaron bastantes días hasta que todo el revuelo de información se organizó y tuvimos sobre la mesa la verdad del asunto.

Craig Venter, conocidísimo padre del Genoma Humano, volvía a dar el golpe sobre la mesa junto a su empresa Synthetic Genomics. Se ponía de manifiesto, como habían conseguido copiar el ADN de una célula de Mycoplasma mycoides y lo transferían a otra de Mycoplasma capricolum. ¿Resultado? En breves minutos el nuevo ADN exógeno volvía a codificar por las proteínas de la célula orígen y ni rastro de la nueva, la había transformado.

Cabe decir, que la diferencia entre una terapia génica normal y éste proceso se basa en la copia de la información genética. Así mientras en uuna terapia cualquiera se traslada el material original, aquí la secuencia genómica se construye mediante técnicas de ensamblaje químico pero copiando la tirada original. No se crea pues, nada nuevo pero si se ha copiado de forma artificial lo que ya conocemos. Las principales críticas del proyecto refieren a este punto, no se ha creado vida de cero, se ha imitado la que ya teníamos.

Por otro lado, la utilidad de la nueva célula sintética no es lo que se esperaba. Lejos de crear nuevos organismos, lo único que podemos hacer es reinventar aplicaciones que ya teníamos de antes. La reproducción de algas que captan el CO2 o bien producen combustible de forma limpia es uno de los atractivos empresariales del momento.

La sensación puede ser que se haya vendido humo y la realidad no va mucho más allá. Estamos ante un avance en técnica demostrada y no hemos llegado más allá. Podemos explotar la creación de copia sintética de vida de la misma forma que regulamos genéticamente la expresión de gran parte de los unicelulares.Tampoco se podría decir que los nuevos organismos o quimeras genéticas puedan entrar en contacto con otros organismos en un ecosistema fuera de laboratorio.

Finalmente, la locura y polémica desatada sobre la bioética sigue dándole vueltas al globo sobre la fuerza y el poder vital que se otorga al ensamblaje genético.

Concluyo con que la innovación sintética a partir de algo que por supuesto conocemos no debe cegarnos. No estamos ante un estudio de exclusividad científica pero si empresarial y por tanto lo único que podemos salvar ese el tirón biotecnológico dado a la manipulación genómica.

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