Como prometí ayer, aquí está la entrevista a Carlos Romá Mateo, Doctor en Biología Molecular.

Sin más dilación:

  • En la actualidad eres científico y trabajas de ello. ¿Cómo nació tu inquietud y vocación por la ciencia y esta rama en concreto? La verdad es que la ciencia es algo que me ha fascinado desde bien pequeño, aunque sin saberlo. Me explico: me gustaban los dinosaurios, las naves espaciales, el cuerpo humano y sus misterios, y disfrutaba con los documentales de animales. Pero no imaginaba que todas esas maravillas podían entenderse y explicarse de la manera en que lo hace la ciencia. La pasión por la biología a nivel molecular fue algo más reciente, derivado de mis primeros años de universidad. Al principio me gustaba la medicina, pero afortunadamente no tenía nota para estudiar dicha carrera y me lancé a por la biología (que además abarcaba más y más variados campos, ideal para indecisos como era yo). Una vez allí, descubrí que me atraían mucho los detalles de cómo funcionaban las células, me parecía que eran la forma más detallada de explicar el funcionamiento de los seres vivos, lo cual al fin y al cabo era lo que siempre me había asombrado tanto.


  • ¿Puedes relatarnos en que consiste tu trabajo diario en lo que a ciencia refiere? No podría hacer un resumen muy concreto, porque si por algo se caracteriza nuestro trabajo es por lo variado que es. Al principio, yo mismo pensaba que el trabajo en un laboratorio era pura rutina y me parecía tedioso. Si bien ciertos protocolos experimentales incluyen largas jornadas de repetitivas tareas, lo cierto es que el día a día consiste en llevar a cabo generalmente más de un experimento a la vez, algunos de naturaleza muy distinta. Como suelen abarcar varios días, unas tareas se solapan con otras y uno nunca se aburre. Podríamos decir que un día más o menos estándar incluiría cosas como: preparar células (de mamíferos, bacterias o levaduras) para un futuro experimento, realizar algunas tareas de ingeniería genética básica (clonaje de genes en plásmidos de ADN, generalmente), revelar los resultados de un experimento anterior… entre medias, leer y contestar correos, asistir a o impartir seminarios, leer artículos y diseñar nuevos experimentos, fregar cacharros, preparar soluciones… como decía, muy variado, lo cual es de agradecer. También pasa uno cada vez más tiempo frente al ordenador, tanto para recabar información (no sólo de bibliografía, sino de bases de datos de genes y proteínas), como para preparar artículos, analizar nuestros resultados o realizar experimentos bioinformáticos. Ah, y muy importante, también a diario se debe acabar el día anotando cuidadosamente todo en la libreta de laboratorio; aunque reconozco que muchas veces voy con algunos días de retraso en esto…
  • ¿De donde recibes la motivación de seguir al día a día? ¿Qué es lo que más te satisface de tu labor? A veces es bien difícil estar motivado. Sobretodo por lo poco agradecido de este trabajo, en términos eminentemente materialistas: la relación entre salario y horas dedicadas no es especialmente buena, hay muchísimo trabajo que jamás queda reflejado en el curriculum, y no gozamos de beneficios laborales como en otras profesiones (no olvidemos que muchísimos investigadores trabajan cobrando becas, o directamente sin cobrar esperando financiación que no llega). Pero por otro lado, y respondiendo la segunda parte de la pregunta, la satisfacción personal que simplemente produce ir desgranando los pequeños detalles de mecanismos que tienen lugar en todas y cada una de las células que componen nuestro organismo, es algo inspirador. Siendo más terrenales, es un trabajo en el que siempre se aprende algo nuevo, es divertido (muchas veces parece que estemos dentro de una película de ciencia ficción); y muy importante, destacar que es un trabajo exclusivamente en equipo: todo buen laboratorio debe funcionar como tal (no siempre es así), y si el ambiente es bueno como es mi caso, cada día sabes que vas a estar rodeado de gente estupenda que tenderá a hacerte más llevable el día a día, los experimentos fallidos, te echará una mano cuando algo no salga, y siempre compartirá experiencia y consejos contigo. Esto es probablemente lo que más me ha motivado los últimos años, el poder disfrutar de un ambiente de trabajo al que da gusto volver cada día.
  • De lo contrario, ¿cuál es el aspecto que consideras más peyorativo de la ciencia experimental? Rotundamente: el cuello de botella que supone la tecnología. Hay gente muy manitas y que disfruta mucho con el trabajo más manual del laboratorio: no soy uno de ellos. Me desmotiva mucho haber diseñado un experimento intrigante, y descubrir que o bien no dispongo del material necesario para realizarlo (lo cual puede ser a veces insalvable, a veces puede llevar meses de trabajo extra) o bien teniendo todo a mi alcance, soy incapaz de hallar una respuesta porque el resultado no es que sea negativo, sino que no se puede interpretar. Esto ocurre a menudo porque las técnicas no son infalibles, hay muchísimos factores aleatorios que pueden fallar, y a menudo para estar seguro de un resultado hay que repetir el experimento numerosas veces. Y eso que cada día esto es menos problema: hace no tanto tiempo, podían pasarse años secuenciando un gen, cosa que hoy día se hace en unas horas. Vamos, que espero que los investigadores del futuro puedan gastar más energías en diseñar experimentos e interpretar resultados (la parte más bonita, para mí) que en estandarizar las condiciones experimentales.
  • Si le está permitido y quiere, ¿nos adelantaría alguno de sus próximos proyectos? Sí, creo que el Gran Hermano no se enfadará si desvelo algunos secretos. Qué va, no trabajo en ningún proyecto susceptible de patente (lo cual sí suele impedir su difusión). La verdad es que voy a seguir trabajando en la misma línea que los últimos años, dentro del estudio de las bases moleculares de la enfermedad de Lafora. En concreto, una de las cosas que más me ilusiona es una nueva metodología experimental (nueva para mí, ojo) de tipo proteómico, en la cual analizaré las diferencias en expresión de proteínas en muestras de cerebros de ratones transgénicos modelo de enfermedad en comparación con ratones normales. Hemos sacrificado los animales y llevado las muestras de cerebro para su análisis, en las próximas semanas recibiré (espero) una jugosa colección de datos que podrían abrir nuevas vías de estudio, o al menos confirmar si vamos por buen camino o no. También puedo adelantar que estamos a punto de publicar una revisión centrada en la proteína laforina, estamos puliendo el manuscrito y seguramente se publicará a principios del año que viene.
  • Para finalizar la entrevista, ¿Qué crees que puede darte la ciencia a partir de ahora y que crees que puedes darle como profesional? Bueno, no hay ningún punto de inflexión próximo que me haga pensar que la ciencia vaya a dejar de darme lo que hasta ahora: satisfacción de mi innata curiosidad y un continuo aprendizaje, así como seguir conociendo personas asombrosas. ¿Qué puedo darle yo como profesional? Pues nada especialmente brillante: seguiré trabajando con interés, supongo que es lo mejor que se puede hacer para promover el avance científico. Me gusta pensar que como tengo mucha imaginación y me gusta mucho filosofar y darle vueltas a las cosas, siempre encontraré algún motivo para seguir adelante con los experimentos por frustrantes que resulten. Y si algo necesita nuestro campo, es mucho interés y motivación. Porque al fin y al cabo, lo importante es trabajar, trabajar y trabajar. Y eso lo puede hacer cualquiera, pero si se está motivado, pues se hace más a gusto.

Desde CientíficamenteCorrecto quiero agradecer a Carlos Mateo su implicación en la entrevista y gran ayuda a la hora de responder con nuestra petición. Desde mi trabajo científico quiero agradecer a Carlos toda su faena y espero que sus estudios avances tanto como él desea y siga disfrutando de su labor científica como hasta ahora.

Ésto es todo por hoy chicos, volvemos el sábado con más ciencia.

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