Ahora que tenemos el Espíritu Navideño volcado encima de nosotros me parecía un buen momento para explicar las endorfinas. Estos péptidos opioides actuan a modo de neurotransmisores del Sistema Nervioso Central pero que actúan sobre el cerebro activando algunos de sus núcleos. Todas las endorfinas parten de un compuesto precursor proteico (POMC), de origen hipofisiario, que madura conformacionalmente hasta llegar a diferentes formas que originan la gran variabilidad existente de endorfinas en estructuras alfa, beta y gamma.

Y si por algo son famosos estos compuestos es por su archiconocido papel de hormona de la felicidad. Las endorfinas estimulan múltiples sensaciones además de modular el apetito, amortiguan el estrés, liberan hormonas sexuales y tienen un papel secundario en la immunidad. Pero lo realmente importante es su papel emocional. El placer tal y como lo conocemos ahora es el resultado de la multiplicación de endorfinas de corta vida que se encargan de señalizar tipos celulares immunológicos y cerebrales. Ya conocida su fisiología, conocemos diferentes formas manuales de encargar su secreción controlada.

Entre ellas encontramos el deporte como una causa primordial. El deporte, siempre y cuando no esté condicionado por agentes externos, nos ayuda a eliminar el estrés y a relajarnos mejorando la concentración. Aquí entran en juego las endorfinas que mantienen un ritmo constante de actuación hasta que se degradan justo después de la actividad física. Aquí, la diferencia de concentración se hace patente y refleja la sensación de descanso que experimentamos.

La risa también es una fuente de secreción importante. Puede ir acompañada de elementos típicos de contacto social como caricias y besos. El tipo principal de endorfinas que se emiten son las conocidas como encefalinas. Las relaciones sexuales también nos dotan de un incremento de concentración del último tipo de endorfinas.

Los ejercicios de liberación mental tales como el yoga o taichi son ejemplos claros. Producen el mismo efecto sobre las endorfinas que un masaje. Las prácticas de relajación orientales se basan en la estimulación de la mente para enviar endorfinas mientras que los masajes se basan en la relajación físico como estimulación cerebral a base del mismo componente.

Por último, la música. Cuando la música nos llega a lo más profundo de nuestro ser es porque cumple su objetivo, de aquí que la música nos haga felices a muchos. Desde luego sí tenía razón el Filósofo del Martillo cuando decía que la vida sin música, no era vida.

Otro aspecto que quiero resaltar es la faceta de droga legal que se difunde. El categórico anterior le viene impuesto a su carácter adictivo que produce sobre nosotros, de aquí que de la lista anteriormente nombrada, probablemente, no nos negaríamos a su mayoría. Y es que la pregunta que intentamos resolver es algo tonta, ¿quién no quiere ser feliz?

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