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¿Podríamos embotellar una estrellar para estudiar su composición? ¿ Y extraer material estelar para analizarlo en nuestro Planeta como si de piedra lunar se tratase? Ambas preguntas no dejan de ser una utopía y estoy seguro que un futuro, quizás no muy lejano, puedan resolverse. Hasta entonces, necesitamos una forma más útil de poder estudiar las estrellas.
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Desde la antigüedad y por proximidad, el Sol ha sido estudiado ámpliamente por griegos, egipcios, fenicios, romanos y bizantinos. Desde la revolución científica que hacía honor a la Astronomía, en el pasado siglo, no sabemos nada que no venga de estudios de espectros, luminosidad, telescopios o cuerpos cercanos.

Hace 40 años, desde el anhelo de la fusión fría, se imaginó una forma ideal de envasar estrellas, que llegaría de la mano del ITER 20 años más tarde, pero parece ser que hasta 2019 no habrá resultados útiles y rentables. ¿Cómo estudiar entonces el plasma estelar? Partiendo de que sabemos, que el plasma se basa en reacciones de helio e hidrógeno pero a temperaturas estratosféricas, con un superláser calentado materia conocida. Esta idea, viene de la Universidad de Stanford, que ha bautizado al prodigio de la ingeniería como LSLC y ha incluido a científicos europeos en su proyecto.
La máquina en sí, ha conseguido aumentar a masa de partículas sólidas y densas hasta los dos millones de grados (no importa si Farenheit, Kelvin o Celsius) y observar de cerca que sucede en el interior de estrellas y planetas gaseosos.

El sistema que rige el LSLC para sus pruebas se basa en una longitud de onda de rayos X muy corta creando cubos de una milésima de centímetro de lado para así coagular la materia densa y calentarla. Hasta ahora, los procedimientos eran diferentes, si queríamos crear plasma lo hacíamos con láseres convencionales pero a partir de gases nobles, de forma que el tema de la densidad era intratable y tan solo se consideraba como una variable más que no modificamos.

La repercusión de la noticia, a diferencia de otros experimentos (Biosfera II, Mensaje Aricebo, Voyager I i II …) es que no solo contamos con una celebridad tecnológica sinó que también conseguimos simular por primera vez en nuestro planeta, fenómenos que tan solo ocurren a años luz de nuestra situación.

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