Etiquetas

,


La población civil acude al amfiteatro ibérico y no sabe que lo que realmente va a presenciar es su propia sentencia. Se abren las puertas y sale el León dispuesto a devorar al enclenque plebeyo que a penas se sostiene. Suenan las trompetas desde el palco. El astro rey ilumina con más fuerza que nunca la ciudad del oso y el madroño. Se respira un silencio sepulcral y todo ocurre demasiado rápido. Un rugido, vítores desde los asientos más cercanos al pretor. No queda nada, se defendió como pudo tapándose la cara, de poco le sirvió para su trágico final. A pesar de que era ahora, cuando ya no respiraba, que había encontrado su final, la condena se había realizado con suma pulcritud y engendrado años atrás, tal vez, desde los inicios de la historia cultural íbera.

Lo que siempre se temió era una realidad, hoy la ciencia ha muerto en España. Pero llevaba agonizando décadas. Es estremecedor leer noticias cada día más atemorizantes sobre el futuro del I+D+i en este país, pero lo es aún más cuando el señor ministro de Cultura y Educación y se declara cómplice del fatal acto. Es una vergüenza que se intente avanzar eliminando el sustrato del progreso. Y lo peor es que es lo que se pretende. Si como bien dijo uno de nuestros nobeles, al carro de nuestra cultura les falta la ciencia, ahora nos quedamos sin carro, siquiera para huir miserablemente.

Hasta hoy, muchas esperanzas de los talentos españoles partían de la frágil idea que han sonsolidado poco a poco de partir hacia un país potente donde el desarrollo y el interés por lo que nos falta por conocer están a la orden del día. Eso sí, cuando contamos con los medios necesarios que desde ahora nos están recortando en una bochornosa situación de desamparo patrio (sí, me refiero a la desatención de las becas FPI y FPU). Una nos cierran la puerta para marchar, nos desarman. En Valencia se acortan las becas doctorales y postdoctorales a los dos años de trabajo, dejando en la calle a los doctorantes que mañana se encargarían (y no digo encargarán) de las Universidades del estado, si es que para entonces queda alguna en pie.

A su vez, el numero de plazas de nuevo ingreso en órganos de investigación público es un límite que tiende a cero y que por lo pronto dejará de ser asintótico (CSIC) si es que no se halla en números negativos (Centro Príncipe Felipe). Si a ello le sumamos una educación pobre en un sistema que falla y que ha dejado hasta ahora lugar a la fuga de cerebros tenemos una república (no literal, al menos todavía) bananera que se autofagocita y enmantela a los macrófagos y saprófitos que se revuelven sedientos entre la inmundicia general.

Espero que algún día el ave fénix resurja de sus cenizas y consiga alzar el vuelo con toda la fuerza posible, que el pasado pasado y lo peor está por venir.

Anuncios