Hace unos años, cuando el euro y el rescate no acaparaban las portadas ni la tv, éramos bombardeados constantemente con mensajes sobre ecologismo. Casi en balde, cada día nos recomendaban, vía cualquier medio, formas de no malgastar y de ahorrar para no contaminar ni degradar nuestro medio ambiente. De estas tiernas recomendaciones pasamos a la cruda realidad, datos alarmantes, pronósticos aterradores, deshielo polar , etc. Luego llegaría la burbuja inmobiliaria, la bajada de la productividad, el paro y creo que hasta hoy día estos tres últimos factores se repiten.

No todas las advertencias fueron iguales, por supuesto. Si cabe a destacar tan solo una, cualquiera de vosotros podría responderme que “Una verdad incómoda” de Al-Gore es la piedra angular del movimiento ecologista. Tal creación le valió al ex presidente americano la friolera en su palmarés de un Premio Nobel de la Paz y Premio Príncipe de Asturias además de un Óscar.

Eran épocas de bonanza económica, desarrollo, crecimiento y queríamos hacerlo bien. La información sobre ecologismo corría por medios audiovisuales como la tinta. De forma gradual, las ideas de respeto al medioambiente se intercalaron con prácticas habituales en nuestra rutina comercial. Era común ver productos con aerosoles no dañinos al medioambiente, baterías de pilas reutilizables y filtros de CO2. Son restos de un legado que han petrificado un mercado publicitario a modo de aditivos positivistas. Y no han venido más allá que un producto de pasado oxidado. ¿Dónde están las referencias ecologistas de antaño que necesitan advertirnos hoy más que nunca los pronósticos más desfavorables?

Será que nos invade la prima de riesgo, el peligro del euro y los bono basura. Algunas organizaciones pro-ecologismo están tan fuera de juego en la sociedad grupal como hace una década. Han deshecho el camino que les llevaba a una presencia importante entre los grupos más influyentes y demás hubs. Es una verdadera lástima que trascienda lo elemental y básico, parece que hasta sus representantes ideológicos han dejado de lado un proyecto ambicioso y necesario.

Gaia se resiente y cada vez más. A pesar de que no es de lo que más se habla tenemos motivos para preocuparnos. Entre ellos, destacamos los más representativos a continuación,

El primero y más importante es el deshielo. Se prevé que el polo Norte deshiele dejando la parte terrestre de Groenlandia al desnudo total. El nivel del agua aumentaria entre 3 y 4m. A pesar de los desastres geolocales que pueda provocar. La cantidad de gas natural que deja al descubierto en sus aguas es un recurso lo suficientemente atractivo como para que el mapa se lo distribuyan entre las potencias rusas  y americanas que ya elaboran rutas marítimas sobre un trazado ficticio que muy pronto podría ser real. Cabe decir que la pérdido biológica, evolutiva, ecológica y de ecosistema es mucho mayor que cualquier reflujo económico (de índole positivo o negativo) que pueda repercutir sobre nuestra labor.

Seguido por la desertización y el desorden biogeográfico. El augmento global de la temperatura, o cambio climático, es una evidencia. El terreno árido gana la partida en los cinco continentes. El aumento de su área es preocupante pero no alcanza un grado tan elevado como para ser evaluado desde un punto de vista altamente catastrofista.

Los géneros climáticos descritos anteriormente tal vez tengan remedio, pero desde luego no estamos avanzando en la dirección correcta para poder frenarlos. A partir de aquí, si la situación se vierte irreversible será evidente que estamos llegando a una nueva forma de plantear nuestra sociedad, un modelo productivo que afectará sobretodo a los sectores primarios.

** Esta entrada participa en el biocarnval de Junio 12′ por BioTay.

http://biotay.blogspot.com.es/2012/06/xiv-carnaval-de-biologia.html

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