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“La célula es la unidad mínima de vida”. Ésta es la frase a la que nos tienen acostumbrados, tal vez demasiado, para delimitar los componentes o estructuras con vida de propia de las piezas que lo ensamblan. Otro dogma central de la biología que cada día se convierte en algo más discutible.

Para saber donde encajar este grupo de compuestos moleculares (por llamarlo de alguna manera momentáneamente) vamos a introducirnos en su piscina de (bio)diversidad.  Los virus son unos componentes que contienen básicamente tres tipos diferentes de biomoléculas pero que pueden o habitualmente contienen las 4 en su totalidad. La parte básica, que no el motor, sinó el mapa de funcionamiento del virus está escrito en su material genético. Éste puede ser DNA o RNA y no contienen un gran número de genes (alrededor de 50 kb

como número medio). El conjunto o polímero de ácido nucleico se encuentra envuelto de una cápsida o envoltura proteica formada por las proteínas que ha podido transcribir por sí mismo. La cápsida puede contener algún glúcido que se utiliza a nigel de señalizador d

 

e celular para el contacto célula-virus durante la infección. Hasta aquí tenemos las biomoléculas típicas de un virus. Fundamentalmente los lípidos,  y algún glúcido, que el virus incluya en su cápsida con función estructural son los que el virus arrastra durante su expulsión de la célula que ha infectado.

 

Los virus se encargan de infectar células, ya sean eucariotas o procariotas, para poder “vivir” a su costa. Un virus se acerca a una célula y en sus proximidades membranales funde la cápsida con la bicapa celular (en caso de fagos hay inyección de DNA/RNA) y el material genético es liberado al citoplasma. Existen muchos tipos de infección, contando como esquemas principales los ciclos lítico y lisogénico. El material genético que entra en la célula tiene diferentes “modus operandi”, puede replicarse y transcribir desde el citoplasma, hacerlo incrustado en el genoma si es DNA y también puede retrotranscribirse si es RNA. El común denominador es la utilización de la maquinaria celular para mover el metabolismo vírico, es decir, crear viriones que saldrán de la célula codificando dentro de ella su cápsida. Como nos adelantábamos antes, esta célula puede romperse al expulsar los viriones (lisis) o bien permanecer metabolicamente activa para su continua reproducción (lisogenia).

Una vez aquí allegados determinamos que el caso que tenemos delante de nosotros es una vía biológica alternativa a la celular, ¿pero sigue unos patrones biológicos comunes a la vida o no?

A continuación enunciamos las características que sostienen el concepto de vida (concepto nominalista y humanista): Organización, reproducción, crecimiento, evolución, homeóstasis y movimiento. Si desglosamos cada uno de los términos anteriores llegamos a la conclusión de que en cada uno de ellos existe una acepción apta para ellos de manera que si queremos determinar un término de vida mucho más conciso deberíamos acotarlo con más precisión.

La organización se define según el nivel celular. Reitero que es un término bastante ambiguo, toda la naturaleza tiene un orden, desde un universo, pasando por ecosistema, organismo, célula, molécula… Hasta llegar a partículas elementas que contienen un orden, aunque el símil se ve más claramente en átomos. A nivel celular, la interactómica define la interacción entre compuestos moleculares y diferentes jerarquías orgánicas. En virus se puede considerar que sucede el mismo proceso a menor escala, con un número menor de componentes pero existe una organización, que indudablemente conduce a una fisiología vírica.

El término que la sucede en la escala vital es la reproducción, no creo que haga falta añadir nada más, los virus tienen capacidad reproductiva (no  propia) pero sí que tiene capacidad de reproducirse, independientemente del medio que utilice. Aquí entramos en guerra de medios y formas, una piedra nunca puede reproducirse dando a un semejante (sí que puede fraccionarse) pero una célula si que puede dar a su semejante quedando intacta, y un virus a partir de una célula también. Los priones pueden dar a un semejante pero partiendo de una cadena aminoacídica, es decir, no crea su semejante desde su propia estructura o a partir de replicación propia como si lo hacen los virus. Aunque éstos necesiten de fisiología celular.

El crecimiento sigue siendo un concepto clave, al igual que el anterior, ya que es una evidencia que los virus pueden crecer, formarse y dar actividad, el problema es que solo se da en su estado celular, fuera de la célula es un ente interte. Aún así esta acepción no es un impedimento, muchas bacterias Gram positivas crean endosporas que pueden durar hasta siglos. Estas endosporas se pueden eliminar por el mismo proceso (si bien no, similar) al que se utiliza para deshacernos de virus en laboratorio. El estado de endospora es perfectamente comparable al de virus y por tanto como el primero se incluye dentro del selecto club de “los 5 reinos” no veo por el cual los virus deban excluirse de esta asignación.

La evolución vírica es un hecho probado, de la misma forma que una teoría de origen viral le dedica a la evolución un papel esencial en la formación de estas formas, los virus siguen evolucionando y adquiriendo resistencias varias. No hay mucho que discutir.

Siguiendo con la lista de cabecera, nos centramos en la homeostasis. La homeostasis, o equilibrio químico-orgánico y fisiológico en virus es prácticamente insignificante. Desde que hay dos niveles diferenciados donde se implican diferentes órdenes estructurales, no  es el mismo estado la fase latente que la extracelular, de manera que la homeostasis tal y como la conocemos no existe a nivel univiral, pero si existe una homeostasis controlada por parte de los virus. Los virus son un agente activo homeostatico, es decir actuan de controladores, en grandes poblaciones de bacterias y otros microorganismos. Si los virus (X) participan creando un equilibrio determinado en bacterias (Y) es porque X como población global lleva un proceso homeostatico que le permite el equilibrio. El equilibrio en bacterias no se crea desde el caos en virus, porque en un tiempo t que tienda a infinito se daría o bien una superpoblación de virus que acabaran con todas las bacterias o al revés, cosa que no se da.

Finalmente el movimiento, tal y como lo entendemos ese da perfectamente en virus y el movimiento browniano extracelular que éstos tienen se da en múltiples procariotas.

Quisiera concluir con mi opinión que he intenado justificar, los virus son vida, forman parte de la vida. Encajan dentro de unos patrones globales y básicos donde se encuentran las células pero también se salen de otros que pueden encajar perfectamente. La vida es un tema muy abierto, nacido de la casualidad y por motivos que no podemos conocer. Sería un grave error, acotar un término tan grande a una entidad tan pequeña y cerrada como la estructura de célula.

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